Salud y tebeos

Salud y tebeos
"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

domingo, 30 de septiembre de 2012

Blankets


Blankets fue la novela que consagró definitivamente a Craig Thompson.  Está considerada entre las mejores del género, aunque supongo que como ocurre siempre en esto de los top ten, habrá opiniones divergentes al respecto. Yo mismo no soy aficionado a elaborar listas de "los mejores", con lo cual en este caso me limito a decir que Blankets es un libro valiente, escrito con una sinceridad sobrecogedora y bastante bien dibujado y narrado.


Entre otras muchas cosas, Blankets viene a ser un ejemplo de Bildungsroman, 'novela de formación' o 'de aprendizaje'. A través de ella, Craig Thompson expone su paso desde la niñez y la adolescencia hasta su juventud. Es también la historia de una emancipación.

'Blanket' es un término polisémico: significa 'manta' y 'manto' (de nieve, p. e.), pero también significa 'ley o norma' estricta.

Así, el aliento que inspira esta obra no es otro que el de la liberación que el autor y protagonista experimenta en su vida cuando acaba su etapa escolar en el instituto y con ello deja atrás el sistema de creencias y modos de vida específicos de un cristianismo fundamentalista inculcado en él desde su niñez por su propia familia.


Pero Blankets es también otras cosas. Al narrar una historia de amor inocente y tan puro como pueda serlo la nieve omnipresente en todo el libro, se describen muchos planos y facetas de la vida familiar en la América profunda.


Hay cierta ambigüedad que enriquece el discurso de Blankets, ya que mediante la exposición de una experiencia de amor cristiano, Craig Thompson nos cuenta su propia experiencia de emancipación o liberación asociada a la vida adulta y feliz.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Habibi

La perfección de la página


Habibi, de Craig Thompson (n. 1975), es un libro sorprendente.

Bajo la apariencia de un cuento árabe, mejor dicho, de un cuento de cuentos árabes, el autor nos ofrece una historia tremenda, tan universal como puede serlo la sed insaciable o el anhelo de infinitud.


Solo que a la postre, escondido entre los guarismos, resulta un libro humano, demasiado humano.


Habibi se inicia con las siguientes palabras que dan pie a una extraordinaria sucesión de viñetas:

De la Pluma Divina cayó la primera gota de tinta.
Y a partir de la gota, un río.

La mística del sufismo está pues presente en esta obra desde su mismísimo arranque.

El Libro es la Madre de la Creación. Sus letras son las semillas. Y el Padre es Alá. Hay un fragmento del Noble Corán que afirma:

No cae una sola hoja sin que El no lo sepa, ni hay semilla en la profundidad de la tierra, ni nada húmedo o seco que no esté en un libro claro. (6, 59)

Según este planteamiento, cada letra del Corán es una fuente de vida y de conocimiento. La Cábala de los judíos también relaciona el lenguaje, las palabras, las letras... con el origen del mundo. Y de un modo manifiesto está escrito al comienzo del Evangelio según San Juan: "En el principio era el Verbo".

Hay, pues, en Craig Thompson una voluntad de superación, de trascendencia de las religiones del Libro sacando a la luz los principios que trascienden en esas mismas religiones y son comunes a ellas. Lo vimos con su novela gráfica anterior, Blankets (2003), de la que daremos cuenta más adelante. Más de siete años le ha costado a Thompson culminar Habibi, publicada en 2011.


De momento, nos quedamos con el hecho de que Habibi, palabra cuya traducción viene a ser Mi amado, es una obra de arte.

El grafismo de esta novela es tan meticuloso como las filigranas orientales. Y eso que el autor es un estadounidense de pura cepa. Tal y como veremos cuando comentemos Blankets, su educación fue la del cristianismo fundamentalista.

Hay en Habibi una sabia conjunción del desierto y la ciudad, rascacielos y basura, arena y excrementos, pasado y presente, violencia y piedad, sufrimiento y amor. Y la plenitud que asoma.


 Y bueno, hay también cierta delicadeza en la crítica intercultural.


viernes, 21 de septiembre de 2012

Nueva Escuela Valenciana

La Nueva Escuela Valenciana de cómic fue un rótulo, a manera de fórmula, que se difundió para referirse a un puñado de dibujantes que deslumbraron con sus historietas a partir de los comienzos de la década de los ochenta.

En realidad, no se puede hablar de una escuela como tal. Es más bien una generación. Tenían, eso sí, un lugar de origen más o menos común: el País Valenciano.

Como siempre que se habla de arte, aquí las singularidades pesan más que los intentos de crear etiquetas unificadoras. No obstante, hay un aire de familia marcado por un tiempo histórico común y, por tanto, por unas actitudes y gestos también comunes.

Todos ellos son historietistas de segunda generación. Se formaron y aprendieron a dibujar tebeos leyendo tebeos. Es posible, por tanto, encontrar referencias en sus viñetas procedentes de otras viñetas que impactaron sus retinas a través de sus lecturas de tebeos e imágenes del mundo que les rodeaba. Eran, pues, postmodernos. Se criaron con el cine, la música y los tebeos de la modernidad.

Como digo, cada uno de los integrantes de esta grupo tiene sus propias singularidades. A manera de presentación, dejo de momento la nómina de los representantes más destacados de la (mal) denominada Nueva Escuela Valenciana. Su influencia se ha dejado ver desde entonces en los creadores más actuales.

Micharmut (Juan Enrique Bosch Quevedo, n. 1953):


Sento (Vicent Josep Llobell Bisbal, n. 1953):


Daniel Torres (n. 1958):


Mique Beltrán (n. 1959):


De alguna manera, todos ellos recibieron influencias estéticas, cromáticas y conceptuales del alicantino Miguel Calatayud (n. 1942):


Una cosa, con todo, comparten. Al igual que Max, que no es valenciano pero que encaja perfectamente en este grupo, se educaron en buena medida leyendo los tebeos de la Escuela Bruguera, entre otros.

Y eso se nota.

15.01.2013

Los dibujantes y autores de la denominada 'Nueva Escuela Valenciana', que despuntaron a primeros de los ochenta pasados, retoman su actividad tebeística.

Micharmut acaba de publicar en papel contenidos de su blog: Sólo para moscas. Es un libro que promete.


Sento ha ganado un premio con una novela gráfica: Un médico novato. Pronto será editada.


Por su parte, Mique Beltran ha reunido en un solo volumen las historietas de aquel personaje que animaba el suplemento infantil de El País en los años noventa: Marco Antonio. Obra completa.



Beltran anuncia que en breve hará lo mismo con su heroína y madre de Marco Antonio, Cleopatra. De igual modo, declara que vuelve a la creación de historietas.


Y en fin, supongo que pronto oiremos hablar de nuevo de Daniel Torres.

Son estos, a lo que parece, buenos tiempos para el tebeo.

Y además, como suele decirse, el que tuvo retuvo.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Tebeos y fallas

Javier Mariscal en alguna ocasión ha declarado que su mayor influencia estilística y temática no le viene de Herriman, Crumb, el underground y tal, sino que procede de las Fallas valencianas.


Y sí que hay en el estilo de Mariscal un desparpajo, una vitalidad, un trazo suelto y un colorido que recuerdan la luz del Mediterráneo y, en última instancia, la perspectiva fallera.

Adentrándonos más en el tema, resulta que Valencia es una cantera de dibujantes de tebeos. Antes, después y ahora. Por ejemplo, aunque hay por ahí mucha más información disponible: 
Sobre la "Escuela valenciana de historieta":
 Y sobre la denominada "Nueva Escuela Valenciana":
La pregunta, por tanto, parece obligada: ¿Qué tiene Valencia para producir tantos historietistas?

Y una de las respuestas posibles viene dada por la realidad de los monumentos falleros. Dado que, en mi opinión, una falla es algo así como un tebeo tridimensional.

Y es entonces comprensible que un artista gráfico y comiquero como Sento (Vicent Josep Llobell Bisbal, n. 1953) haya diseñado algún año fallas tan importantes como las de Na Jordana o la de la misma Plaza del Ayuntamiento.

En 1987, la falla de la entonces llamada Plaça del País Valencià, hoy Plaza del Ayuntamiento, tuvo un cartel realizador de lujo, difícilmente repetible.

El diseño fue de Sento, el guión de Manuel Vicent, el artista que la confecciónó: Manolo Martín. Y el vestuario de los ninots corrió a cargo de Francis Montesinos.


El título de la falla era "Como un espejo". Y reproducía fielmente el mismísimo balcón del ayuntamiento, centro de reunión del poder valenciano en las fiestas.

Era, pues, una falla autorreferencial. Como tantísimos cómics (post)modernos.


miércoles, 19 de septiembre de 2012

Mariscal

Entre nosotros -en nuestro país-, el ejemplo más notable de cómo un dibujante inicial de tebeos obtiene un éxito absoluto en el ámbito del diseño sin límites es Xavier Mariscal (n. 1950), el dibujante de Chico & Rita.

Valenciano de origen, Mariscal comenzó dibujando en fanzines que él mismo autoeditaba junto a otros historietistas como Nazario. Eran los años setenta del siglo pasado y entre los jóvenes comiqueros era muy influyente el underground americano. Tal era el aliento que predominaba en los fanzines de la época.

Sin embargo, Mariscal se dio a conocer en 1974 con Los Garriris, una serie de personajes e historias más cerca del Disney inicial y de George Herriman que de Gilbert Shelton o de Robert Crumb.


La serie sería después publicada en revistas como Star o El Víbora, representativas de la denominada línea chunga, lo cual demuestra una vez más la frecuente gratuidad de las etiquetas.

Uno de los personajes de Los Garriris, el perro Cobi, acabó siendo elegido en 1987 como mascota oficial de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.


Sería largo y prolijo dar cuenta ahora de la impresionante labor de Mariscal como diseñador de muebles y otros objetos, como interiorista (el ochentero bar Dúplex, en la Plaza de Cánovas de Valencia, p. e.), como creador de diferentes logos corporativos, como ilustrador de carteles y portadas de revistas, etcétera.

Dejo como muestra una de las portadas que Javier Mariscal realizó para la revista The New Yorker, en la que se aprecia uno de los muebles más famosos diseñados por él, el sillón Alexandra.


martes, 18 de septiembre de 2012

Del diseño

Los ochenta y los noventa eran años alterados y pudo haber quien confundiera la línea clara con la raya blanca:

No obstante, De Klare Lijn fue un estilo que trascendió el mundo del cómic y se proyectó en prácticamente todos los ámbitos del diseño, la ilustración, el grafismo, el cartelismo y otras modalidades de artes aplicadas.

La palabra "diseño" inundó la realidad plástica y objetual sujeta al mercado. Y en consonancia con ello, muchos dibujantes de tebeos vanguardistas extendieron su actividad hacia encargos de toda índole. Portadas de discos y de revistas, esferas de relojes (Swatch p. e.), carteles de exposiciones y de eventos culturales, diseño de logos, diseño de muebles, diseño industrial, diseño gráfico...

Hasta sellos de Correos ha diseñado Joost Swarte para su país:


La presencia de Swarte en el campo del diseño es excepcional, pues hasta algún edifico ha proyectado, como el Teatro Toneelschuur en Haarlem, de 1996.


Peter Pank


Peter Pank, de Max (Francesc Capdevila, n. 1956), es una muestra viviente de esa confluencia de underground y línea clara que se dio por estos lares durante la década de los ochenta. Y no es casual el hecho de que el prólogo de la edición en español de Casi completo, de Joost Swarte, corre a cargo de Max. 

Se trata de tres delirantes historias recogidas en sendos álbumes: Peter Pank (1984), El Licantropunk (1987) y Pankdinista! (1990), hoy recopiladas en una edición integral de La Cúpula. El nacimiento del personaje que da título a la serie nació para la revista El Víbora.


sábado, 15 de septiembre de 2012

La condición postmoderna

Buena parte de la nueva generación de historietistas que irrumpió en España a comienzos de los años ochenta pasados incorporaba esa combinación de underground y línea clara que veíamos en Swarte.

En 1979 Jean-François Lyotard había publicado un libro crucial: La condición postmoderna. El fin de los relatos y metarrelatos de la modernidad parecía dejar libre un espacio para el eclecticismo en el pensamiento y en todas las artes.

También en el cómic y en el grafismo en general,  las nuevas tendencias sugeridas por los nuevos dibujantes, ilustradores y diseñadores se identificaron con aquella postmodernidad.

Además, la situación política y social en España favorecía la coincidencia entre los aires de renovación imperantes y las nuevas tendencias estéticas.

Y en fin, la década de los ochenta, en particular su primer lustro, marcó el boom editorial de las revistas de toda índole y el triunfo comercial del cómic adulto. Hasta más de treinta títulos o cabeceras de revistas de cómics llegaron a coexistir en los kioscos bien surtidos.

Aunque no todo era vanguardia en las revistas ochenteras de cómics. El dibujo realista, magníficamente realizado por diferentes autores españoles, encontró su apogeo en los tebeos de género, tan típicos de la época: cómics de vampiros, de ciencia ficción, del oeste (western), de la serie negra... Curiosamente, eran títulos en la mayoría de los casos procedentes de editoriales extranjeras pero realizados por dibujantes españoles mediante el sistema de agencias...

jueves, 13 de septiembre de 2012

Swarte y De Klare Lijn


Muchos conocimos a Joost Swarte por ser el ilustrador de la edición setentera de Los Papalagi. Y es cierto que a primera vista econtrábamos un aire de familia como mínimo entre los dibujos del artista holandés y los tebeos de Tintin.

En 1977 Swarte creó la expresión De Klare Lijn -traducida al francés como la ligne claire y de ahí al español línea clara- para referir un estilo de cómic propio que él mismo remitió a Georges Remi. El hecho es que el término hizo fortuna y pasó a asociarse al tebeísmo francobelga con Hergé a la cabeza. Y con ello, la línea clara se identificó con un cómic infantiloide, cuando no con un estilo pijo.

Sin embargo, la obra de Joost Swarte no es ni infantiloide ni pija. Más bien al contrario.


Reventando las categorías y las clasificaciones simplonas, la línea clara de Swarte es pura historieta underground. El estilo, el color, el trazo y las formas se alejan aquí del clásico underground estadounidense (Crumb, Shelton et al), pero el aliento que late en las viñetas de Swarte es fácilmente identificable con la corriente subterránea que acabó por modificar el mundo de los cómics contribuyendo a su definitiva mayoría de edad.


martes, 11 de septiembre de 2012

La luna de Madrid me mata

Los postulados y planteamientos ideológicos y estéticos de la revista Madriz son inseparables de los correspondientes a otra revista madrileña que ocupó buena parte de aquella década dizque feliz, aunque en un variado ámbito cultural mucho mayor que el del estricto cómic: La luna de Madrid (1983-1988):


Esta revista, intrusista -en cuanto operaba sin "profesionales" del periodismo- y absolutamente libre, atrevida, polifacética y vanguardista en su concepción y ejecución, se erigió desde su nacimiento en plataforma y pantalla de la Movida de Madrid. Su eclecticismo estético e ideológico eran el marchamo de una nueva ola investida con el traje de la postmodernidad.

Uno de sus lemas: "La vanguardia es el mercado", es una muestra de su osadía al proponer una suerte de capitalismo cultural.

En su nº 6, y por lo que nos atañe, se anunciaba ya en portada un Manifiesto de la Línea Clara:


La misma estética pretendidamente rompedora y de algún modo disparatada se encontraba en otra revista de la época, de nombre inspirado por paradójico y de escasa vida en los kioscos:  Madrid Me Mata (1984 y 1985):


De todo este marasmo novedoso en sus planteamientos, festivo y alegre, atrevido y sin complejos, iconoclasta, pero a la vez visual y formalmente experimentador participó la revista Madriz. Su peor pecado pareció ser disponer de una pequeña subvención oficial. Y es que además de por la derecha entonces en la oposición y por la prensa afín a esta (ABC, Ya, El Alcázar), también fue duramente criticada por otras revistas nacionales de cómic enteramente privadas, pues veían en ella una especie de competencia desleal. Y tal vez, no sé, también hubiese algo de ojeriza ante el brillo repentino que obtuvo en aquella década la ciudad de Madrid.

Por cierto, siempre lamentaré que en una de mis mudanzas me deshice estúpidamente de mi colección completa de ejemplares de La luna de Madrid.


lunes, 10 de septiembre de 2012

Madriz

En el efervescente panorama cultural de los años ochenta pasados -y en el ámbito que nos ocupa-, con repercusión nacional, hubo otra publicación que, sea vista o no como un tercer elemento en discordia entre las estéticas de la línea clara y de la línea chunga, tuvo también su respectiva polémica. Se trata de la revista Madriz (1984-1987).


La corta vida de esta interesante publicación, desde una perspectiva estilística y cultural, estuvo condicionada por un hecho que no podía pasar desapercibido a los biempensantes de siempre: la revista gozaba de una subvención del Ayuntamiento de Madrid, en principio de la Concejalía de Juventud. En concreto, la cuantía de esta subvención era el 10% del coste total anual. Cabe señalar que el alcalde de Madrid era por aquel entonces Enrique Tierno Galván. Eran los años de lo que se dio en llamar La Movida Madrileña.

La historia de lo que sucedió está en las hemerotecas. Para los que todavía piensan que Alberto Ruiz Gallardón representa el ala liberal y moderna de su partido, no está de más reproducir las palabras con las que, siendo entonces concejal por Alianza Popular en el Ayuntamiento de Madrid, calificó la revista al decir que ésta era una "porquería repugnante, pornográfica, blasfema, en el sentido jurisdiccional de la palabra, contraria a la moral y a la familia".

Ahí queda eso.

Tintin en Barcelona

En 1984 la Fundación Joan Miró proyectó realizar en la ciudad condal una exposición titulada Tintin en Barcelona. La muestra pretendía ser un homenaje a Hergé y al universo imaginario creado por él en torno a su más famoso personaje, Tintin. La exposición tuvo lugar del 27 de septiembre al 25 de noviembre.


Ante este evento, un grupo de intelectuales y dibujantes del cómic español redactaron y firmaron un "Manifiesto contra una exposición sobre Tintin y Hergé".


Los firmantes del manifiesto lamentaban que por una vez que se organizaba en nuestro país un reconocimiento semejante del cómic, estuviera dedicado a un tebeo infantil, como si la categoría y el nivel de desarrollo que el noveno arte había adquirido hasta entonces fuese obviable.

No podemos afirmar con seguridad que en el trasfondo del rechazo de los firmantes a esa exposición se encontrara el hecho nada inocente de que Georges Remi (Hergé) había sido un colaboracionista en el período nazi. Simplemente, el manifiesto pretendía resaltar que el prestigio cultural que el cómic ha adquirido con el tiempo no se debe sin más al Tintin de Hergé. Y que era una pena derrochar tanto empeño y recursos en favor de la historieta de ese modo.

Entre unas cosas y otras, en parte porque la exposición sobre Tintin se producía en un momento de efervescencia y auge del denominado "boom del cómic adulto en España", en parte por el debate estético de entonces entre la línea clara y la línea chunga, en parte por el pasado político de Hergé, y en parte porque se cometió el error de identificar absolutamente el estilo línea clara con el tebeísmo de Hergé, lo cierto es que por entonces tuvo lugar una polémica que tal vez vista desde hoy podría parecer una tormenta en una taza de té.

El tiempo pasó y se llevó por delante las revistas Cairo y El Vívora. La primera cerró en 1991, quizás debido a su insistencia en mantener los presupuestos ya casi académicos e inanes de la línea clara. La segunda más tarde, en 2005, batiendo un récord de permanencia continuada en los kioscos.

Una y otra publicación sucumbieron en la medida en que el formato revista como medio de publicación de cómics fue sustituido por el formato libro o de novela gráfica actualmente vigente. Sin embargo, afortunadamente, tanto Norma Editorial como La Cúpula permanecen hoy en las librerías como dos de las editoriales de más calidad de nuestro país en el mundo del cómic.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Cómic vs Comix aquí

La confrontación entre "línea clara" y "cómic underground" tuvo en la España de los años ochenta su correspondiente puesta en escena. Se manifestó a través de dos editoriales de Barcelona: La Cúpula y Norma, con sendas revistas: El Víbora y Cairo como principales protagonistas del debate.

Con el telón de fondo que nos ocupa, el Cómix o cómic underground recibió aquí un nombre peculiar: la línea chunga; un nombre sin duda adaptado a la curiosa realidad de nuestro país.

La denominada línea chunga, entonces, fue abanderada por la editorial La Cúpula con su revista El Víbora (1979-2005) y su revelador lema: "Cómix para supervivientes".


Por otra parte, la revista de Norma Editorial Cairo (1981-1991), cuyo subtítulo inicial fue "El Neotebeo", nació ya con el manifiesto propósito de ser un referente nacional de la línea clara.


Sin embargo, en este país el debate línea clara vs. línea chunga trascendió el ámbito puramente estético, formal, comercial si se quiere, y adquirió tintes de sociología política.


sábado, 8 de septiembre de 2012

Cómic, comix

La mera expresión "línea clara" parece sugerir que hay, por oposición, no ya una línea oscura, sino una zona amorfa, de penumbra, onírica, incierta, que escapa a las delimitaciones angulosas y luminosas de los colores planos.

El comix, rótulo empleado a menudo para referirse al "cómic underground", puede ser entendido como un intento de atrapar en dibujos y viñetas esa otra zona oscura más allá de la línea clara.

Pero todo esto no son más que categorizaciones hermenéuticas, interpretativas. Y en exceso simplificadoras.

Igual que los cultivadores de la Estética y de la Historia del Arte recurren a categorías como las de Clásico y Romántico para interpretar clasificando las obras de arte, o utilizan las otras de origen nietzscheano de Apolíneo y Dionisíaco para lo mismo, igualmente, digo, es corriente encontrar en muchos escritos acerca del cómic una clasificación de este ámbito en términos de línea clara frente a comix o cómic underground.

El cómic underground nació en EEUU allá por los años sesenta del pasado siglo. Era un cómic alternativo en varios sentidos. Por un lado, era underground en cuanto a las vías de edición, distribución y difusión elegidas (los fanzines, las editoriales minúsculas, su alejamiento de los canales convencionales). Por otro lado, no menos importante, los comix mostraban una realidad alternativa y paralela al orden establecido. Eran "contraculturales", una palabra de entonces que hoy ha devenido en otra, más globalizante: antisistema.

No obstante, lo que en un momento dado empezó siendo alternativo, acabó siendo asimilado por la misma cultura a la que intentaba hacer frente.

Con lo cual, a estas alturas de la historia, los términos línea clara y comix o cómic underground son, o bien unos conceptos que pueden servir para entender determinados momentos del desarrollo del cómic, o bien, más pobremente, unas meras categorías simplificadoras de un mundo tan variado y sugerente como lo es el del denominado noveno arte.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Giardino y la línea clara

El estilo de Vittorio Giardino ha sido descrito como una combinación de línea clara y John le Carré.

El término "línea clara" fue acuñado por el artista holandés Joost Swarte (n. 1947) para designar el estilo típico de Hergé (el creador de Tintin); un estilo este, el de la línea clara, en el que propio Swarte se enmarca.


Es corriente el uso de la expresión "línea clara" para caracterizar el cómic europeo en general y el francobelga en particular. Sin embargo, acertadamente en mi opinión, el buen connoisseur y gran especialista en la materia Álvaro Pons ha encontrado antecedentes de la línea clara en el tebeo americano. Concretamente, en las tiras diarias de la prensa de principios del siglo XX elaboradas por George McManus y su Bringing Up Father.


En el ámbito europeo, la influencia del estadounidense McManus se encuentra visible en la serie de aventuras Zig et Puce, creada en 1925 por Alain de Saint-Hogan.


Y dado que el maestro de Georges Remi (Hergé) fue precisamente Saint-Hogan, tenemos así una conexión importante entre el clásico tebeo americano y la línea clara europea. Sirva esta disquisición para deshacer moldes clasificatorios simplistas.

Lo específico de la "línea clara" viene a ser una nítida representación de las figuras, sin efectos de sombra y con colores planos; un gusto por la narración clásica y una apuesta por la historieta de género, especialmente el de aventuras.

Volviendo a donde estábamos al comienzo de este post, es pues evidente que el detallismo visual y narrativo y las representaciones depuradas de las obras de Vittorio Giardino justifican que el estilo de este autor sea encuadrado como un exponente de la línea clara, si bien con específicas características propias, personales.


El tono infantiloide que se percibe en tantas representaciones de la línea clara, empezando por el Tintin de Hergé, está ausente por completo en las aventuras de Max Fridman, de Giardino.

El hecho de que las aventuras de Fridman se inscriban en el subgénero de espías -espionaje político- y además estén perfectamente documentadas y referidas a unos hechos históricos, ya sirve para detectar que estamos ante un tipo de cómic tan maduro como puedan serlo las novelas de Graham Greene y de John le Carré (en concreto el primer Le Carré, el de Karla y el agente Smiley). Los espías de estos autores no tienen nada que ver con el estilo James Bond. Son hombres y mujeres con rostro humano, sin aparatitos ni zapatófonos ni coches fantásticos.

Otra cosa es la presencia de mujeres hermosas en las aventuras de Fridman. Esto no es más que una consecuencia del dominio del dibujo que tiene Giardino y de su gracia para representar el cuerpo femenino. 


martes, 4 de septiembre de 2012

Max Fridman


Max Fridman es un personaje creado por el historierista italiano Vittorio Giardino (n. 1946). Es una especie de agente secreto a su pesar que se ve involucrado en diferentes peripecias de espionaje político. Fridman es de origen judío, con pasaporte francés y residente en Suiza, donde vive con su hija de once años y se dedica al negocio de la importación de tabaco.

Hasta ahora, Giardino ha publicado tres historias completas con las aventuras de Max Fridman.

La primera es Rapsodia húngara.


La segunda, La puerta de Oriente.


Y la tercera, ¡No pasarán!. Esta última ya la presentamos en otro post.

Las aventuras de Max Fridman, las tres historias de este protagonista publicadas hasta ahora, transcurren todas en el mismo año, 1938, y en un entorno europeo de preguerra (en el caso de las dos primeras entregas, cuya acción sucede respectivamente en Budapest y en Estambul), o de guerra declarada (la tercera transcurre en España).

Naturalmente este clima propiciaba un terreno abonado para el espionaje internacional (la Abwehr alemana, el NKVD soviético, "la Firma" francesa...) y nacional (la Quinta Columna franquista...).

Y es en estos ambientes en los que se desarrollan las aventuras de Max Fridman, un héroe peculiar (le sacuden los temblores cuando escucha explosiones) creado por Vittorio Giardino.


Fridman, el personaje, combatió en España en las Brigadas Internacionales hasta que cayó herido y abandonó el país al que retornaría en su tercera aventura para buscar a un amigo. A la vez, es amigo de Orwell, de Malraux, de Köestler, de Dos Passos. Está claro, por tanto, de parte de quién está. Sin embargo, su posición intelectual o ideológica en contra del fascismo no lo pone a favor del estalinismo. "¿Ha luchado por los rojos?", le pregunta uno en La puerta de Oriente. "No, por la República", le contesta Fridman. Y de hecho, en ¡No pasarán!, aunque toda la acción transcurre en el lado republicano, queda clara la denuncia de las prácticas de los soviéticos.

Así pues, Max Fridman viene a ser un burgués de entreguerras. Liberal en el mejor sentido del término. Sus aventuras tienen lugar en los ambientes sofisticados de ese periodo. Sus elecciones y comportamiento no dejan lugar a dudas.



Es como si Giardino, a través de Max Fridman, quisiera no solo deleitarnos con la calidad de sus narraciones, sino también ilustrarnos acerca de un duro periodo de combate más que ideológico en el que además de los dos contendientes principales, totalitarios los dos, se la jugaron muy seriamente los defensores de la honestidad y de la libertad.

domingo, 2 de septiembre de 2012

El efecto Tarantino. Una bala en la cabeza


Una bala en la cabeza (Du plomb dans la tête) es un cómic de éxito nacido en el ámbito franco-belga de les bandes dessinées (BD). El guión, excelente, es del francés Matz (pseudónimo de Alexis Nolent). Los dibujos corren a cargo del australiano Colin Wilson.

Se trata de un thriller violento inscrito en la tradición del hard boiled americano. Hay asesinatos, polis y sicarios violentos, escenarios urbanos, periodistas fisgones... y una trama con ribetes políticos donde el poder y el crimen van de la mano. De hecho, la historia se resuelve cuando colaboran fuera de la ley un policía y un asesino. Caliente, caliente.

Lo mejor de Una bala en la cabeza es el guión, si bien hay que hacer justicia al buen hacer del dibujante. Un guión que se desenvuelve sin pausa ni respiro para el lector y que está plagado de diálogos verborreicos al más puro estilo de la inolvidable Pulp Fiction de Quentin Tarantino.


El cómic se lee de dos tirones en un par de ratos. La pena es que en la edición española las casi ciento setenta páginas del libro estén comprimidas en un formato demasiado pequeño que impide disfrutar adecuadamente del conjunto formado por las ilustraciones y el texto.

Se está culminando el estreno cinematográfico de Una bala en la cabeza. Uno de los protagonistas del filme es Sylvester Stallone.
Veremos.