Salud y tebeos

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"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

martes, 27 de agosto de 2013

Alan Moore

De Alan Moore se dice que "es probablemente el mejor guionista de cómics de la historia". Tal es la descripción que aparece, entre otros lugares, en los dos volúmenes de la edición española de Supreme.


También figura en la contraportada del primer volumen de Supreme, "La historia del año", la siguiente opinión de The Guardian refiriéndose a Alan Moore:

"El Orson Welles del cómic".

Bien es verdad que ya antes habíamos conocido una opinión parecida, solo que referida a Will Eisner y de la cual daba cuenta yo mismo en este hilo:

Manfred Sommer describió a Will Eisner como "el Orson Welles del cómic". De un modo más preciso, el periódico USA Today se refirió a The Spirit como "el Ciudadano Kane de los cómics". ( ... )

De una forma u otra, por más que no crea yo que abunden los orsonwelles en las diferentes artes (aunque sí que abundan los halagos desmesurados), aceptaré que tanto Will Eisner como Alan Moore son dos grandes creadores en la historia del noveno arte. Eisner es más artista completo, en la medida en que se responsabiliza en sus obras tanto de los guiones como de los dibujos que los ilustran. Alan Moore, en cambio, se acredita solamente como escritor. Pero es innegable el acierto de Moore a la hora de encontrar dibujantes a la altura de sus guiones.

Por ceñirnos a la serie Supreme, una buena prueba del talento como escritor de Alan Moore lo proporciona el hecho de que esta obra obtuviese el Premio Eisner 1977 al mejor guión además de alcanzar el Premio Harvey 1999, también al mejor guion. En realidad estos son dos hechos, dos premios, y no solo uno, que se suman a la ya larga lista de reconocimientos y galardones obtenidos por el británico Alan Moore.

29.08.2013

La imaginación es un arte combinatoria. Ordena elementos previos -contenidos mentales- de un modo más o menos aleatorio o caprichoso, más o menos sujeto a ciertas reglas. Esos contenidos mentales que la imaginación manipula tienen su origen en la percepción, tanto externa como interna y onírica.

Cuando la imaginación se proyecta en representaciones narrativas o icónicas, produce resultados artísticos. Siempre que, por supuesto, el sujeto que proyecta sus composiciones imaginativas tenga la pericia y el dominio suficientes del arte con el que trate.


Alan Moore (n. 1953) ha demostrado en sus obras que tiene una imaginación portentosa. No es desde luego el primero, ni tampoco será el último de los creadores de historias fantásticas en las que prevalece la imaginación del autor. Sin embargo, lo que caracteriza y singulariza el talento de Alan Moore es que la suya es una imaginación postmoderna.

Por "imaginación postmoderna" entiendo aquella que se alimenta de memes culturales, los revitaliza y los usa sin reparos en sus creaciones (dándole aquí al significado de "cultura" una extensión que abarca todo tipo de manifestaciones humanas mediatizadas por las técnicas). Es como si en la mente del creador postmoderno estuviera almacenado el acervo cultural de nuestro tiempo, a modo de breves apuntes. Y el arte, entonces, consiste en disponer u ordenar con habilidad unos u otros componentes de ese acervo.

Fácilmente, entonces, se entiende esa cualidad metarreferencial de tantísimas creaciones postmodernas. Al ser unos productos o artefactos culturales construidos con ladrillos emblemáticos tomados de ese mismo entorno cultural, la cualidad en cuestión les viene dada.

Así, las historias que describe Alan Moore en sus guiones son una revisitación de contenidos, iconos, ideas, frases, autores, actitudes individuales y sociales, motivos de época, carteles publicitarios, hallazgos científicos, eslóganes y comportamientos políticos, secuencias históricas, personajes novelescos, guiños cinematográficos, citas mitológicas... Todos estos elementos salpimentan sus guiones, rompiendo la tradicional distinción entre alta, media y baja cultura.

Y lo hacen de un modo tal que no dificulta la atención del lector, sino más bien al contrario. La mirada lectora se desliza por los textos de Moore con facilidad, encontrando a la postre un placer al descubrir y descifrar elementos culturales que nunca entorpecen la narración, esto es, lo que la historieta cuenta.

Y esta es otra faceta que caracteriza el postmodernismo de Moore: el sentido lúdico que atraviesa sus obras. El artista juega con unos u otros memes culturales y produce artefactos entretenidos.

Y es que, bueno, hablando de cómics, no debemos olvidar que estos forman parte de la industria del entretenimiento.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Los superhéroes y la filosofía


  
No se me ha caído de las manos, es cierto, pero sí que me ha parecido un libro de alcance limitado.

Los superhéroes y la filosofía es un libro colectivo. Está formado por una serie de papers o aportaciones de distintos autores, cada una de ellas en torno a las quince o veinte páginas. Es decir, el formato del libro es muy anglosajón. Los autores de los correspondientes capítulos son en su mayoría profesores de filosofía pertenecientes a diferentes universidades de EEUU. Y no puedo evitar decir que ante estos mimbres yo me esperaba algo más.

Los papers que componen el libro se articulan siguiendo cuatro apartados: I) "La imagen del superhéroe"; II) "El mundo existencial del superhéroe"; III) "Los superhéroes y el deber moral", y IV) "Identidad y metafísica del superhéroe".

Conforme iba avanzando en la lectura, una sospecha iba creciendo en mi mente. Y fue al fin en la tercera parte, sobre "el deber moral", donde dicha sospecha pasó a ser una clara evidencia.

Ante la muy interesante pregunta: ¿Por qué un superhéroe, un ser con poderes suprahumanos, debe optar por el bien?, es donde más he notado el carácter limitado del libro. En realidad, la pregunta tiene alcance universal y nos concierne a todos los seres humanos: ¿Por qué debemos elegir el bien antes que el mal? ¿Por qué es preferible el primero, más allá de la mera aceptación de los imperativos? Es esta una pregunta filosófica de primer orden y, como tal, ha recibido diferentes análisis y respuestas a lo largo de la historia del pensamiento.

Sin embargo, para mi sorpresa, el teísmo personalista, la existencia de un Dios personal como garantía del orden y de la estructura moral del universo se apunta en el libro como la última ratio a la cual apelan varios de los autores del libro. Algún otro defiende la realidad objetiva del Bien que apuntara Platón al concebir esta realidad como la Idea o Forma suprema a la cual tienden y a la que imitan el resto de Formas de lo que hay. También, en la misma línea de realismo objetivo del bien, se trae a colación la teleología aristotélica... Incluso, para justificar la plausibilidad de aceptar a Dios, se recurre en más de una ocasión a "la apuesta de Pascal"...

A mí no me parece mal que se defiendan filosóficamente las creencias de cada uno. Y en el límite, tan atendible es esta filosofía que trasparece en el libro como lo son la agnóstica y la atea. Lo que no me parece bien es que un libro de estas características, bajo un título tan atractivo, defienda casi monolíticamente una sola de las versiones de la filosofía. (El universo Marvel y el de los superhéroes en general es muy poca cosa en comparación con el magnífico plantel de filósofos que pueblan el universo de la Filosofía.)

Así, he echado en falta otros planteamientos igualmente plausibles para justificar la vida buena que no recurren a la objetividad del Bien y mucho menos al teísmo personalista. Por poner un ejemplo, David Hume no aparece citado en el libro ni una sola vez. He echado en falta, en definitiva, alguna perspectiva que induzca a optar por la vida buena sin necesidad de apelar a las creencias establecidas y aceptadas por la teología.

Y bueno, ya digo que lo que queda al final es la impresión de que en última instancia se utiliza la excusa de los superhéroes para bajo el manto de la filosofía justificar posiciones al cabo creacionistas.

Como coda a este post, diré que la lectura de Los superhéroes y la filosofía, si bien me ha mantenido despejado y alerta mientras la llevaba a cabo, me ha prevenido antes de caer en la tentación de abordar otros títulos semejantes y aparentemente atractivos de factura netamente estadounidense. Me refiero a libros como Los Simpson y la filosofía, Hitchcock y la filosofía y hasta Baseball and Philosophy.

lunes, 19 de agosto de 2013

Los 4 Fantásticos y Silver Surfer

Anoche tuve la curiosidad de ver en la tele una película de superhéroes: Los 4 Fantásticos y Silver Surfer (2007).
  
Flaco favor le hace este filme a la potente narración en viñetas aparecida por vez primera en 1966 y creada por Stan Lee a cargo del guion y con dibujos de Jack Kirby.


La historia del enfrentamiento entre Galactus, su heraldo Silver Surfer (Estela Plateada entre nosotros) y el supervillano Doctor Doom (Doctor Muerte aquí), por un lado, y Reed Richards (Mr. Fantástico), Susan Storm (Chica Invisible), Johnny Storm (la Antorcha Humana) y Ben Grimm (La Cosa), por el otro lado, queda convertida en la película dirigida por Tim Story en unos noventa minutos de ruido, chorradas, despilfarro y pura nada.

Lo único que me gustó de la pelí fue el breve cameo en el que Stan Lee en persona dice que es Stan Lee y no le creen.

Y bueno, digo que esta narración presentada en cómic es potente en la medida en que nos acerca al problema del poder absoluto y sus límites, tremendamente bien contado y dibujado.


Con lo cual, una vez más se confirma lo difícil que es la traslación mutua entre cine, literatura y cómic. Es mayor el número de veces en el que la cosa no funciona que al revés.

Por "funcionar" me refiero en el apunte anterior al valor de una película como película. O de un cómic en tanto que cómic o de la literatura como literatura. Y así, la transposición de un producto de un medio a otro a menudo no funciona.

Claro que en términos de mercado, lo que funciona es lo que produce caja. Se ha llegado al absurdo, en EEUU especialmente, de considerar que si una película no recauda en taquilla el primer fin de semana de su estreno al menos el importe de su producción, la película no funciona. Es un fracaso. Independientemente de que esa obra se ubique o no en el mainstream.

Pero aquí es pertinente recordar una de las versiones de la falacia naturalista. Que viene a ser lo siguiente. Aunque aceptáramos que si algo es bueno entonces funciona (en el sentido de que produce dinero), no podríamos estar seguros de que si algo funciona (en el sentido de que produce dinero) entonces es bueno.  

jueves, 8 de agosto de 2013

Así calló Zaratustra

Así habló Zaratustra es uno de los libros más conocidos de F. Nietzsche. Inspiró un poema sinfónico del mismo título compuesto por Richard Strauss (cuyo comienzo popularizó la famosa secuencia inicial de 2001, Una odisea del espacio, de Kubrick). Y es también ese título aunque invertido el que ha elegido Nicolas Wild (n. 1977) para su último cómic: Así calló Zaratustra.



Lo mejor de este cómic, a mi juicio, es que nos informa acerca de una de las religiones más antiguas y a la vez más influyentes en la historia: el zoroastrismo, si bien actualmente podría estar condenada a desaparecer. Su lugar de origen es Persia, el actual Irán. Y el nombre de su profeta es Zaratustra. Es el silenciamiento de esta religión en su lugar de origen lo que justifica el título elegido por Wild. 

Y así, la novela está estructurada en tres partes cuyos títulos corresponden a los tres miembros del lema de los zoroástricos: "Buenos pensamientos. Buenas palabras. Buenas acciones".

La historia transcurre en la época actual, en el Irán posterior a la revolución encabezada por Jomeini relatada en Persépolis

Por otra parte, Así calló Zaratustra participa de esa nueva mirada, entre ingenua y candorosa, aunque comprometida, que parece ser común a ciertos autores hoy por hoy treintañeros. Pienso en nuestro Zapico y en la Satrapi, por ejemplo. Es un poco el arte de contar historias serias en un tono acaso desenfadado que no excluye un cierto sentido del humor y de la ironía.

Este tono y esta mirada se reflejan incluso en el trazo sumamente simplificado que sirve para dinamizar la lectura de esta entretenida historia.