Salud y tebeos

Salud y tebeos
"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

viernes, 28 de marzo de 2014

Oesterheld: los estratos de la fruición

Pero que no cunda el pánico. En los guiones de Oesterheld se encuentran aventuras, acción, fantasía, misterio, el tipo de entretenimiento específico de la historieta. Esa fue la excelencia de Oesterheld, identificar el aliento de su escritura con la médula del tebeo.


Lo que ocurre es que, desde el lado del espectador, el lector no es una tabula rasa con la mente en blanco. La mirada no se enfrenta vacía a la contemplación de lo que se le pone delante, sea este un objeto natural, sea un artificio cultural. Oesterheld era geólogo de formación y sabía muy bien que en la naturaleza hay capas, formaciones, estratos visibles solo para quien sabe encontrarlos. En cuanto a los artefactos culturales, cada uno accede a deletrear una obra con su personal bagaje (o equipaje, mejor). Y lo bueno de las grandes obras es que son accesibles para prácticamente todos, disfrutándolas cada uno según su saber y entender.

Así, se puede disfrutar a placer leyendo por ejemplo Mort Cinder sin tener ni idea de Jorge Luis Borges ni de sus obras (Historia de la eternidad, p. e.). Sin embargo, es inevitable que quien conoce a Borges encuentre su huella en Oesterheld. Huellas concretas, perceptibles, identificables.

He aquí materia suficiente para un trabajo académico, un informe postgrado, una tesis doctoral. Pero he aquí también, sobre todo, materia para el goce personal e independiente de las academias.



jueves, 27 de marzo de 2014

Oesterheld: humanismo y cosmología existencialistas

En los guiones del argentino Oesterheld es notoria una veta humanista. Puede ser el reflejo de una época, la marca de una generación que entendía, como Sartre, que el existencialismo es un humanismo. Y fue esta corriente filosófica, precisamente, la que insistió en la noción de autenticidad, pues distinguió entre una 'existencia auténtica', comprometida con la trascendencia en que aspira a realizarse el ser humano y una 'existencia inauténtica', entregada a la facticidad inmanente.


El 'compromiso' sartreano llevaría al filósofo francés a radicalizar progresivamente sus posiciones políticas, de un modo coincidente con la manera en que Oesterheld fue radicalizando también las suyas. La diferencia entre uno y otro estriba en que, pese a todo, Sartre fue un revolucionario de anfetamina y Café de Flore en París, mientras que Oesterheld se la jugó hasta el punto de que los militares "lo desaparecieron".


Pero hoy yo quería hablar de otro aspecto de H. G. Oesterheld, que viene a ser el siguiente.

A manera de inspiración, hay en Mort Cinder una preocupación existencial de índole cosmológico-metafísica presente también a su modo en otras dos obras de Oesterheld, esto es, en El Eternauta y en Sherlock Time. Esta preocupación no es otra que la referencia al campo temático del tiempo y la eternidad en su relación con la inmortalidad y con la vida en diferentes espacios.


En efecto, el Eternauta Juan Salvo, Sherlock Time y Mort Cinder son tres personajes ficticios de Oesterheld marcados por sendas vinculaciones cosmológico-existenciales. El primero de ellos está habitado por una dimensión eterna, el continuum 4; el segundo es un viajero del tiempo; el tercero, un hombre que muere y no termina nunca de morir en diferentes escenarios de la Historia.

En los tres casos, la escritura de Oesterheld fue dibujada por A. Breccia, si bien El Eternauta lo fue en una segunda versión (1969) de la historia original (1957-1959), dibujada por Solano.

El trazo acuchillado, la línea torturada y el semblante expresionista de Breccia casaban a la perfección con las veleidades existencialistas, la moral humanista y el compromiso político de Oesterheld. Pero había más. Las ilustraciones de Breccia daban forma a las especulaciones cosmológicas de Oesterheld referidas al espacio-tiempo, a la vez que las enriquecían. Dice así Oesterheld:

El dibujo de Breccia tiene una cuarta dimensión de sugestión que lo aparta de los demás dibujos que conozco: esta sugestión inacabable lo valoriza y suscita ideas en el guionista.

08.01.2016

En las dos primeras viñetas de la antepenúltima página de El Eternauta II se lee lo siguiente:

Un viejo pensador, el más destacado de un tiempo muy largo y muy amargo, dijo una vez: "El Infierno son los demás".

Yo estoy haciendo el gran descubrimiento...

(¡Se equivocó... El Paraíso son los demás!)

Es más que suficiente para reflejar la distancia que hay entre Sartre y Oesterheld, sin llegar a negar la vertiente existencialista del guionista argentino.  

Oesterheld-Breccia: Mort Cinder



Lo mejor que le puede ocurrir a un escritor de talento y con vocación para guionizar historietas es encontrar dibujantes a su altura. Y es que en todo cómic que se precie los textos y las imágenes han de ir de la mano. De no existir ese digamos equilibrio, o bien habría entonces ilustraciones con texto, o bien habría textos ilustrados.

Ya es difícil de por sí compaginar texto e imagen cuando es uno solo quien dibuja y escribe sus historias. Pero si el trabajo está dividido entre dos o más, el buen resultado es casi un prodigio.

Me estoy refiriendo al tipo de cómic o literatura gráfica d'auteur, al margen de las producciones tipo Marvel y DC en las que se trabaja por departamentos (de guionistas, dibujantes, entintadores, etc.), cuya actividad se ensambla de cara al producto final. Aunque no estará de más añadir que en principio un buen tebeo los es cuando una buena historia es contada a través de un buen guión, unas buenas viñetas, un buen tratamiento gráfico... independientemente del número de personas que se impliquen en el proceso de su realización.

Héctor Germán Oesterheld tuvo la buena fortuna de coincidir con excelentes dibujantes y artistas en su truncada carrera. Ilustraron guiones suyos, entre otros, Hugo Pratt, Solano López y Alberto Breccia, nada menos. Y entre lo mejor de su colaboración con Breccia -no ya el trabajo más notable de la dupla Oesterheld & Breccia, sino entre lo más logrado de cada uno de ellos- se encuentran los episodios que con el título Mort Cinder realizaron juntos entre 1962 y 1964.


Aunque lo que se cuenta en Mort Cinder pertenece sin duda al género fantástico, hay autenticidad en el guion de Oesterheld y hay autenticidad en el dibujo de Breccia. Al pesimismo narrativo del primero se adecua perfectamente el claroscuro crispado del segundo. Y entre ambos concluyen una de las más serias y logradas obras de la literatura gráfica.

miércoles, 26 de marzo de 2014

La autenticidad en el arte


La autenticidad en el arte es un valor genuino. No depende de materia narrativa, temática o estilística alguna. Y no ha de ser estrictamente coincidente ni con la veracidad ni con la sinceridad. Si me apuran, ni siquiera con la verosimilitud.

La autenticidad es indiferente al hecho de que una obra sea bien confesional, bien ficcional. Porque a fin de cuentas, también el yo que se desnuda en una trama puede ser a la postre una construcción del autor, tan impostada como auténticas son muchas ficciones (las de Borges, por ejemplo).

La autenticidad es un latido, es la voz que trasparece entre los intersticios de un relato, de un poema, de una transición secuencial.

La autenticidad es un reflejo de la conciencia del autor. De su verdad interior. Se manifiesta cuando el arte es entendido y practicado como una ordenación consciente de contenidos inconscientes, pues no basta con dar rienda suelta a la subjetividad. También se manifiesta, si es el caso, en las crónicas, en las descripciones científicas -aunque fueren erróneas- y hasta en la metafísica.

La autenticidad, en fin, se desarrolla entre la épica y la lírica. Depende de la actitud del autor. Y de la disposición del lector.

viernes, 21 de marzo de 2014

El gran libro Yum Yum

En realidad, la sobreexposición de imágenes como recurso desactivador de lo reprimido es también la clave del trabajo de R. Crumb como ilustrador del libro del Génesis.


Por otra parte, siquiera una panorámica general de la obra de Robert Crumb quedaría incompleta sin El gran libro Yum Yum, de 1963.


Se trata de un cuento ilustrado secuencialmente que Crumb escribió, dibujó y coloreó a los diecinueve años para regalárselo a la que luego sería su primera esposa, Dana Crumb. No fue publicado hasta 1975 en EE. UU. y, posteriormente, en 2005 en Francia. Curiosamente es la historia más larga de Crumb y además en color.  Él mismo prologó las dos ediciones del libro con sendos textos. En el prólogo de la primera edición dice Crumb:

"... cuando escribí esta historia tenía diecinueve años y aún era virgen... Hoy tengo treinta y el resultado me parece algo inmaduro y adolescente."

Treinta años después, en el prólogo de la edición francesa escribía Crumb:

"... cuando lo releo constato que a los diecinueve años ya era un virtuoso del comic-book, capaz de construir una historia en este registro, de dibujar de manera coherente, con un sentido agudo del color, pero me sigue pareciendo muy inmaduro y adolescente."

Es la opinión del autor.

El gran libro Yum Yum es anterior a la explosión del ácido, los hippies y las flores de San Francisco (el "verano del amor" fue en 1967). No obstante, su colorido y la composición de las viñetas anticipan aquella estética californiana. Aunque es evidente, por otro lado, que este libro participa de la sofisticación beatnik propia de 1963. Es un cuento maravilloso que, pese a su argumento, no deja de tener los pies en la tierra.

A la hora de admitir que The Yum Yum Book contiene ya en sí elementos que luego serían desarrollados por Crumb en otras obras suyas, yo destacaría dos de esos elementos.


En primer lugar, una constante de Crumb: la mujer enorme, inmensa, natural, inocente; aunque también es vista por el sujeto como mujer amenazante, acaso devoradora, castradora. No está de más indicar que Yum Yum en castellano es Ñam Ñam, con lo que vemos que el sujeto protagonista se inclina ante su objeto de deseo aunque este quiera literalmente deglutirlo. Con el paso del tiempo se iría viendo la importancia de esta compleja representación en el imaginario de Crumb.


En segundo lugar, el protagonista de Yum Yum es un pequeño sapo que vive en un ciudad habitada por otros animales antropomorfos. Además del gato Fritz, son otros muchos los crumbtoons (Andrea Avestruz, Perro Sarnoso, Gato Apestoso, Cerda Patricia, etcétera) que pueblan muchas de las historietas de Crumb. Él mismo confiesa a menudo que una de sus grandes influencias de la infancia fue el Pato Donald. Si bien el genio de Crumb supo darle la vuelta a las historias protagonizadas por animales antropomorfos, dando a entender que Walt Disney no era la última palabra en este respecto.



Crumb, la política, la historieta


Sin embargo, las representaciones de Crumb no se avienen del todo a ser entendidas como meras fantasías masturbatorias de un perverso polimorfo entrado en años. Es decir, la imaginación de Crumb no se reduce o limita a conjurar los caprichos de su libido. Su contenido va más allá, en cuanto tiene también un alcance político que si fue calificado en su momento como contracultural, hoy puede ser descrito sin ambages como antisistema.

Me refiero por ejemplo a las historietas de Crumb recogidas en el álbum Conoce a tu enemigo.


Aquí el objeto de la representación de Crumb no es marcadamente sexual, aunque sí tiene que ver con estereotipos. Pero son de otra índole. Concretamente son estereotipos ideológicos, políticos y económicos que, en tanto que interiorizados y asumidos, actúan desde el inconsciente de los ciudadanos y cimentan su encastillamiento y manipulación como sujetos alienados.

Y de nuevo, la sobreexposición como recurso desactivador de lo reprimido.

Las expectativas de Crumb parecen apuntar a las escenas primordiales, no tanto para recuperarlas -lo que resulta imposible- cuanto al menos para proyectarlas en el espacio de la representación, antes de que se vuelvan escenas anuladas o definitivamente perdidas. Así, no es simplemente añoranza lo que transmite Crumb en su Una breve historia de América:


No debemos olvidar, con todo, que estamos hablando de Robert Crumb, esto es, de un historietista formado en la ironía, el disparate y el sentido del humor de los comic-strips clásicos (el tebeo tradicional, que diríamos aquí) y que aún ha sido capaz de proyectar esa retina sarcástica sobre aspectos importantes de nuestro presente.

Y es este profundo sentido de la historieta concebida ante todo como entretenimiento muy cercano a la mirada infantil lo que está detrás de estas palabras de Crumb en las que se disculpa a la vez que se autoparodia al finalizar ese disparate gráfico que es R. Crumb contra la Hermandad (1973):

"¡Es sólo una broma, chicas! ¡En realidad estoy de vuestra parte! ¡¡De verdad!! Esto solo ha sido una fantasía infantil de una mente enferma e inmadura... ¡Pero, pensadlo, sólo es una historieta!"


jueves, 20 de marzo de 2014

Crumb, catolicismo y neurosis

Igual que Justin Green, Robert Crumb recibió una educación fuertemente católica. Y en los dos autores pareció cobrar cuerpo el silogismo que afirma que si la represión produce neurosis y el catolicismo impone la represión, entonces el catolicismo provoca neurosis.

Esta represión de que hablamos es específicamente interna (no es tanto que el reprimido no lo haga, sino que no lo piense), de modo que en el proceso de liberación a través de la imagen llevado a cabo por Crumb en su obra, no es raro que éste, como ya hiciera Nietzsche, acabara identificando la represión católica con la castración.


Sea como terapia, sea como exorcismo, sea como liberación, sea como simple broma, sea todo a la vez, R. Crumb pobló su obra de representaciones fantasmáticas en las que el icono dominante era el de una mujer primigenia, arquetípica, giganta, objeto de realización de las fantasías de un hombre raquítico (casi siempre el propio Crumb autoparodiado), fantasías que no excluyen el estrujamiento y otras formas de ensoñación sexual un tanto infantil, incluido el fetichismo, en las que el sujeto del delirio actuante goza de la pasividad femenina.


Es normal que estas formas de representación alertasen a los vigilantes de la corrección política, feministas incluidas. En el mejor de los casos, Crumb era tildado de misógino. En otras ocasiones, se le imputaban adjetivos como machista, sádico, procaz, obseso, depravado, etc. Incluso racista. Este texto de Xavi M. Dapena en Tebeosfera, "Sexo o misoginia según R. Crumb", da cuenta de ello:




miércoles, 19 de marzo de 2014

Fritz y la evolución de Crumb


La del gato Fritz es casi seguro la creación más conocida de Robert Crumb. Apareció en 1965 en la revista Help!, dirigida por Harvey Kurtzman (de quien hablaremos en otra ocasión). Fritz era un personaje que representaba tanto la sensibilidad de una nueva generación que cambió el mundo como la voluntad de transgredir los valores de aquel viejo estado de cosas.

Una de las actitudes de aquella gente entonces joven consistía en entender la vida como experimentación. Probar con nuevos valores, con nuevos gestos, con nuevas costumbres, con nuevas sustancias... En el terreno gráfico de la historieta, el gato Fritz fue uno de esos experimentos con que Crumb asombró a su tiempo.

La transgresión era evidente, pero como suele suceder, se tomó el rábano por las hojas y el personaje de Crumb fue reducido a ser un divertido felino protagonista de historietas pornográficas. Y así fue llevado al cine. En 1972, Ralph Bakshi realizó una película de animación titulada Fritz the Cat que tuvo la circunstancia de ser la primera película de dibujos animados clasificada X en su país. Y luego, en 1974, Robert Taylor realizó una secuela también en dibujos titulada Las nueve vidas de Fritz el gato.

De ese modo, la expresión contracultural, crítica, ácida y corrosiva, pero también vitalista y positiva, divertida y cachonda del gato Fritz quedaba reducida a ser un producto pornográfico de animación.

El caso es que en 1972, ante el filme de Bakshi, Crumb declaró que ese director había arruinado a su personaje y decidió matar al gato con un picahielos en la penúltima viñeta de una historieta de aquel año titulada Fritz the Cat "Superstar".


Ya dijimos arriba que 1972 fue también el año en que Justin Green publicó Binky Brown conoce a la Virgen María e introdujo con ello el principio de una profunda renovación en el terreno del cómic. La novedad consistía no solamente en que Green realizaba una historia basada en sí mismo; en ella, además, el autor exponía a corazón abierto su propia sexualidad como leit motiv de la historia.

Y así se produjo un importante giro en la producción de Crumb. El sí mismo (himself) se convirtió en el protagonista de una de líneas narrativas y gráficas de este autor, pues lo cierto es que Crumb domina varias líneas, una de las cuales es la confesional. La influencia de Green se percibe también en el hecho de que las confesiones de Crumb conciernen prioritariamente a la neurótica manifestación de una obsesiva sexualidad.

Lo cual no dejó de acarrearle ciertos problemas con las mujeres o, mejor dicho, con ciertas mujeres.



miércoles, 12 de marzo de 2014

Crumb beat under

1972 fue entonces el año en que salió a la luz Binky Brown conoce a la Virgen María, de Justin Green, con lo que ello supuso en el devenir de la historia del cómic. Y fue también el año en que Robert Crumb decidió "matar" a su primer personaje emblemático: el gato Fritz. Lo curioso es que podemos, si queremos, encontrar la manera en que directa o indirectamente ambos fenómenos se pueden relacionar. Pero antes tenemos que hablar un poco del Crumb anterior a 1972.


El gato Fritz es de 1965. En realidad, Fritz viene a ser la representación de un beatnik cat (mientras que Mr. Natural, de 1967, sería más propiamente la representación de un iluminado beat). Lo que intento sugerir es que la fuente de inspiración, pero también de comprensión, de la vasta y dilatada carrera de Crumb se encuentra en el espectro y en la senda de la beat generation o, más ampliamente, en la ética y en la estética del fenómeno beat. Y en particular, tal vez sea el gato Fritz el personaje más puramente beatnik de toda la obra de Crumb.


Este fenómeno beat encontró de un modo espontáneo su continuación sociológica, cultural e histórica en el movimiento hippie, también específico de San Francisco, California. Y un personaje que enlaza la 'beat generation' con los hippies es el poeta y visionario Allen Ginsberg, el cual aventuro que pudo ser una de las fuentes de Mr. Natural, de Crumb.


(Dejo enlaces sobre el significado de las expresiones Generación beat


y Beatnik


Beatniks, hippies y sus abuelos mayores, los hipsters, pertenecen todos a la corriente underground, que es una constante en la Historia de la cultura y el arte en oposición a la otra corriente, la principal o mainstream.

Por su parte, la expresión "cómic underground" encuentra en principio su aplicación en el mundo editorial. Se refiere a un tipo de publicaciones cuya realización, edición y distribución se produce al margen de los estilos, canales y procedimientos controlados por las grandes empresas editoriales. En este sentido, los cómics underground (o comix) son no solo alternativos, sino también independientes.

A los historiadores del tebeo o de la historieta les gusta señalar 1968 como el año en que nació el cómic underground en San Francisco, vinculando el dato a la aparición de Zap Comix, aquel comic-book inicialmente elaborado en su integridad por Robert Crumb y que de un modo u otro, con intermitencias, se mantuvo hasta 2005.


Y así pues, tenemos que Crumb está íntimamente vinculado a la corriente contracultural underground a la vez que lo está al surgimiento del comix undergroung. 

martes, 11 de marzo de 2014

Binky Brown

No de un modo latente, sino netamente manifiesto, el psicoanálisis irrumpió en la escena del cómic en 1972 de la mano de Justin Green y su Binky Brown conoce a la Virgen María. Y lo hizo de una manera confesional, es decir, a través de un tebeo en el que su autor se exponía a sí mismo y ante el público, sin tapujos, como un neurótico atormentado por conflictos sin tregua entre su religión y su sexualidad.


Respecto a la novedad que supuso Binky Brown... en la historia del cómic, escribe Art Spiegelman en la Introducción a esta obra:

Justin convirtió las cajas en las que se empaquetan los comic-books en confesionarios íntimos y seculares que cambiaron profundamente la vida de los cómics. (...) Inventar todo un género no es poco. Lo que las hermanas Brontë hicieron por el romanticismo gótico, lo que Tolkien hizo por el género de espada y brujería, Justin lo hizo por el género autobiográfico.

Justin Green fue el primero en "desnudar su alma" mediante viñetas con texto. Fue el primero, también, en desgranar su historia en nada menos que 44 páginas, cosa que en la época se antojaba una proeza casi titánica, si bien hoy está más que superada.

Binky Brown, entonces, anticipó la novela gráfica actual y específicamente la de corte autobiográfico.

Lo que expone Justin Green en su obra es la experiencia de una psique trastornada por un desorden obsesivo-compulsivo de manual, años antes de que este tipo de síndromes deviniesen materia cultural o narrativa. Hijo de padre judío y de madre católica, el adolescente Green vive atormentado por los efectos represores de una estricta educación religiosa que potencia los sentimientos de culpa, en contraste con una sexualidad emergente y descontrolada que tiende incluso a la parafilia fetichista.

El tono confesional y sincero de Binky Brown conoce a la Virgen María no convierte esta obra en un muro de lamentaciones. Al contrario, Justin Green no parece perder de vista el carácter de entretenimiento que es genuino en la historieta como medio. En plan juego de palabras, hay más penes dibujados en este tebeo que penas transmitidas por el autor. Nos encontramos así ante un cómic iconoclasta. Y es en eso en lo que estriba el valor de este arte practicado como exorcismo.

domingo, 9 de marzo de 2014

Crumb y el inconsciente

Frente a la seriedad que tradicionalmente la conciencia política imponía a los sujetos así concienciados, la generación underground transformó esa seriedad en su contrario. Fue como si aquellos jóvenes nacidos en los años cuarenta hubiesen mamado de niños los análisis del capitalismo y la teoría de la sociedad que proponían los miembros de la Escuela de Frankfurt. La superación del hombre unidimensional descrito por Max Horkheimer daba paso a un sujeto que unía el principio de realidad (la conciencia política) con el principio de placer (la afirmación de los deseos del inconsciente). Y así en los años sesenta surgía un nuevo tipo de activista que acaso sin saberlo, con naturalidad, celebraba las bodas de Marx con Freud previstas por Herbert Marcuse. Si bien yo mismo soy consciente de que esto que escribo no es más que un relato y como tal es susceptible de ser compaginado con otros relatos.

Aunque, todo hay que decirlo, el del freudomarxismo fue un matrimonio desigual y de corta duración; la fuerza del deseo y sus pulsiones se impuso y Freud acabó arrinconando a Marx hasta el arcón de los disfraces olvidados.


El inconsciente es deseo, pulsión, instinto, repetición y derroche. Es irracional, incorrecto, no atiende a razones ni entiende de fórmulas convencionales. Persigue el juego y el goce. Regido por el principio de placer, sus contenidos y manifestaciones se escapan, son ajenos a la domesticación. Incluso estas palabras que uso ahora son un intento vano de encerrar en las mallas del lenguaje lo innombrable que articula el inconsciente.

El inconsciente es el lugar -o acaso el no lugar- de lo reprimido. Se manifiesta indirectamente, mediante síntomas. Y se desparrama en los sueños. De ahí el interés de Freud al proclamar que los sueños son la vía privilegiada de acceso al inconsciente.

En los sueños hay imágenes y hay movimiento: hay secuencias. Hay fuerzas además de representaciones y escenas primordiales, arquetípicas.  Por eso repetimos que el cine y los cómics están hechos de la misma materia con que se producen los sueños, en la medida en que estos son realizaciones de deseos.


Robert Crumb es quizás el más conspicuo exponente de esa generación underground que por medio de la ilustración y del arte secuencial disolvió la barrera o censura que cerraba las puertas a la libre manifestación del inconsciente. Y en la línea del más estricto freudianismo, Crumb entiende un inconsciente animado por la libido, esa fuerza vital cuya naturaleza es sexual.

Las palabras de Crumb que siguen dan cuenta exacta de su concepción del arte y del cómic, siendo este comunicación (en cuanto se trata de comunicar contenidos por medio de un arte), pero también entretenimiento:

"Y luego está el rollo del ARTE y la AUTOEXPRESIÓN. Esto que estáis viendo no es sólo un cómic, sino una obra de arte... O sea, un uso muy personal de un medio tradicionalmente comercial... Lo que lo hace arte y no mero entretenimiento es que no sé muy bien lo que estoy haciendo... Es algo que surge dentro de mí al margen de la conciencia... Suele ser grosero, brutal y ofensivo, pero necesita salir a su aire, así que, ¿estamos ante la verdad o simplemente son las obsesiones de un neurótico compulsivo? Sigo creyendo que el arte debería comunicar y, que Dios me perdone, entretener al mismo tiempo..." (La historia de mi vida)

Es el arte, en fin, producido como una libre aunque elaborada manifestación del inconsciente.


viernes, 7 de marzo de 2014

Black Hole, Agujero negro

¿Qué interés puede tener un cómic que cuenta una historia protagonizada por adolescentes para un adulto que ni siquiera tiene hijos en edad adolescente?


Mucho interés, desde luego, si se trata de Agujero negro (1995-2005), de Charles Burns. Y no es meramente una cuestión de estética, aunque también.


Dado que la historia de Black Hole transcurre en la década de los setenta pasados, es fácil que el lector adulto al que aludo encuentre una cercanía existencial entre él mismo y los personajes y ambientes de esta novela gráfica. Además, el autor -Charles Burns (n. 1955)- puede ser de hecho coetáneo o casi de ese lector. Y ya se sabe que no hay mayor afinidad por simpatía que la que se da entre personas de una misma generación.


De inmediato, un lector adulto de Black Hole se percata de que lo de menos es que los protagonistas del libro sean adolescentes. Es más, esta viene a ser una circunstancia que se desvanece ante el atractivo visual de las páginas y viñetas de Burns y ante el vértigo narrativo que se apodera de la imaginación del lector.

Porque lo que se ventila en Agujero negro no es una simple o vulgar historieta de terror adolescente. Puede ser si acaso de terror, pero para nada adolescente. Y menos aún simple o vulgar.


Por decirlo de algún modo, Black Hole nos sitúa ante un relato cuyos hechos se producen en el horizonte de sucesos que bordea a los agujeros negros. Y no solo es que el lector no puede observar el interior de ese horizonte, salvo epidérmica y episódicamente. Es que tampoco puede escapar al magnetismo que lo atrae hasta su centro ni evitar que lo que ocurre a uno y otro lado de esa franja le impacte.

De este impacto, en fin, es corresponsable el arte, la pericia gráfica de Charles Burns. El rígido claroscuro sin grises de sus páginas y viñetas se percibe como si estas fueran xilografías que transmiten el olor a madera de los bosques que rodean los distintos escenarios y en que transcurre buena parte de la acción de la novela.


jueves, 6 de marzo de 2014

Furries

Yo creo que a diferencia de lo que ocurría en las fábulas clásicas, en las que cada animal tenía asignado de serie un significado moral (el zorro la astucia, la hormiga el trabajo, el cerdo la glotonería y la ignorancia, etc.), en la figuración moderna, en concreto en la de los cómics, esa rigidez en la asignación de significados se ha disuelto. Y así, es cada autor particular quien decide en cada caso qué carácter tiene un animal antropomorfo y el papel que este desempeña en su historia (o historieta). Los cerdos son policías para Crumb, polacos para Spiegelman, simpáticos egoístas para Riley... y luego está el ingenuo tartamudo Porky Pig. Igualmente, nada tiene que ver el gato Garfield con los gatos nazis de Maus.

El fenómeno Furry


sirve para ilustrar la absoluta individualización del significado que cada animal tiene en la actualidad. Son los fruidores, uno a uno, los que se apropian del significante zoomorfo y le dan su personal significado.


martes, 4 de marzo de 2014

Humanos zoomorfos, animales antropomorfos

La representación figurativa mediante animales antropomorfos (o mediante humanos zoomorfos) es una constante a la hora de caracterizar personajes ficticios en nuestra cultura. Tales personajes podían ser deidades en la antigua religión de los egipcios, p. e., donde algunos animales eran divinizados o algunos dioses animalizados. Pero en la tradición cultural de occidente es más habitual representar no dioses sino tipos humanos, demasiado humanos, caracterizados como animales o viceversa, es decir, una representación de animales con rasgos humanos. Este recurso estilístico puede obedecer a una intención moralizadora, como lo es en el caso de las fábulas clásicas (Esopo, La Fontaine, Iriarte, Samaniego). Aunque no siempre es necesario que sea así; no siempre ha de haber moraleja cuando hay animales por medio.

En la historia del tebeo abundan las historietas y tiras cómicas protagonizadas por este tipo de personajes.


Los animales representados y que actúan en el universo del cómic -y no solo en el de Disney- son de lo más variado. Es notable, sin embargo, el número de gatos ilustres que pueblan ese universo, desde sus comienzos.

Quizás el primero de todos fuera Krazy Kat (1913), de George Herriman (1880-1944).


Luego le seguirían -y sin ánimo de ser exhaustivo-:

El gato Félix (1923), de Otto Mesmer (1892-1983).


El gato Fritz (1965), de Robert Crumb, (n. 1943).



Garfield (1978), de Jim Davies (n. 1945).


Aunque no es exactamente un gato, otro felino que destaca en el ámbito estadounidense es el tigre de peluche Hobbes, compañero de Calvin (1985), de Bill Watterson (n. 1958).


Del lado de acá, en el cómic francobelga encontramos:

El gato (1983), de Philippe Geluck (n. 1954).


El gato del rabino (2003), de Joann Sfar (n. 1971).


El felino Blacksad (2000), de Juan Díaz Canales (n. 1972) y Juanjo Guarnido (n. 1967).


Por otra parte, como donde hay gatos puede haber ratones, además del ratón Ignacio de Herriman, otros ratones ilustres del mundo de la historieta son:

El ratón Quimby (1990), de Chris Ware (n. 1967).


Mickey Mouse...


... y Maus.


Todo esto sin entrar en el mundo de los cartoons o dibujos animados, en cuyo caso la lista sería inagotable.