Salud y tebeos

Salud y tebeos
"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

jueves, 22 de octubre de 2015

Nadar. Realismo ficcional, Ficción realista


Nadar es el alias de Gaspard-Félix Tournachon (1820-1910), uno de los padres de la fotografía como técnica en su doble vertiente realista y artística. Acabó especializándose en el fotorretrato -autorretratos incluidos- y en las fotografías aéreas. Muchas de las imágenes que conservamos de escritores, artistas, científicos y políticos no solo franceses del siglo XIX (quizás la de Baudelaire sea la más difundida) son fotos realizadas por Nadar. También consiguió capturar con su cámara, en 1860, las catacumbas de París.


Nadar es también el pseudónimo escogido por Pep Domingo (n. 1985), un joven autor de tebeo que no es que sea una promesa, sino que es ya un artista de los de verdad. Su primera obra como tal, la monumental novela gráfica Papel estrujado (2013) reveló a un creador que nació ya maduro. Su segunda y reciente obra: El mundo a tus pies (2015) revalida la calidad de Nadar y lo reafirma como un excelente narrador en viñetas.

El mundo a tus pies se compone de tres historietas o relatos con sus respectivos títulos, planteamientos, nudos y desenlaces. En sentido estricto, entonces, no es una novela (si bien hay una enorme sintonía formal y temática que es común a las tres historietas, junto al título general que las unifica). Sin embargo, los tres relatos participan a su vez de ciertas características de la novela gráfica, como trataremos de ver a continuación. Y en este sentido, la escritura de El mundo a tus pies coincide con la de la novela anterior de Nadar, Papel estrujado, hasta el punto de que entran ganas de jugar a formar una unidad con los títulos de ambos volúmenes: El mundo a tus pies... cual Papel estrujado. Tal es la tremenda coherencia discursiva de Nadar.


Por decirlo de un modo sumamente esquemático, la novela moderna nació en el ámbito literario como el reverso de las aventuras heroicas anteriores, más o menos fantásticas. El Quijote como paradigma. La prosa llana sustituyó a los yambos y troqueos de las gestas épicas. Y el talante realista, en mayor o menor medida, se impuso.

Algo parecido ha ocurrido en el ámbito del cómic. La novela gráfica actual viene a ser una escritura de tebeos ajena no solo a las fantasías heroicas y superheroicas, sino también a la estrecha delimitación de las historietas por géneros.

(Aunque todo esto fuera solo un simulacro, no por ello dejaría de ser útil.)

Por otra parte, no es sencillo detallar los requisitos pertinentes de la novela gráfica en general. Y tampoco es preciso hacerlo; las generalizaciones son ociosas. No obstante, algo se puede decir. Por ejemplo: Es una cuestión de grado calibrar en qué medida el realismo y el costumbrismo forman parte sustancial de buena parte de la novela gráfica reciente.


La impronta social -costumbrista- está presente en las ficciones de Nadar. Es una impronta, así, realista. Pero no nos equivoquemos. La realidad como tal, en sí, es incognoscible. Solo conocemos aquello que nosotros previamente elaboramos. Con lo cual, solo queda aceptar que la realidad es una construcción, tal y como se hace patente sobre todo en el terreno del arte.

Nadar opta por construir sus historias en términos de realidad actual. Nos habla artísticamente acerca de lo que hay. O al menos acerca de elementos fácilmente reconocibles por el lector y cercanos a él. Sus viñetas forman cuadros familiares, esto es, cuadros que conectan con experiencias más o menos comunes... solo que reordenados con una caligrafía estéticamente elaborada que conforma artificios. Es por esto que digo que las ficciones de Nadar son realistas (Papel estrujado) y que el suyo es un realismo ficcional (El mundo a tus pies).

Hay otro elemento presente en la novelística de Nadar que aglutina sus obras y conecta ampliamente con el lector. Me refiero al pathos existencial que atraviesa todas sus historias. Es una especie de sufrimiento sutil, cotidiano, que se interpone entre las viñetas y los ojos del espectador y dinamiza, por simpatía, tanto el relato como su percepción.

No se puede hablar, con todo, de pesimismo; esto es, al leer a Nadar no se apodera de uno el pathos pesimista. Hay una amplia paleta de sentimientos presentes en sus páginas, es cierto, pero no predomina en ninguna de ellas la desesperanza. Supongo que tampoco, a fin de cuentas, serán la desesperación y el desánimo los que prevalezcan en la realidad cotidiana de quienes leen a Nadar. 


Cabe destacar el dominio que muestra Nadar en la narración secuencial sin palabras. Es esta una prueba, no la única, de que estamos ante un autor que parece llamado a ocupar un lugar entre los grandes del cómic. Otra prueba es el acierto en la composición gráfica al servicio de una precisión narrativa en la que se manifiesta la pericia de Nadar como hacedor de historias.







domingo, 11 de octubre de 2015

La mujer rebelde. Novela gráfica y feminismo

Es un hecho que en el ámbito de las novelas gráficas es donde mejor se ubica el cómic en la modalidad de la no ficción. Biografías, memorias, autorrelatos, periodismo dibujado, narración de sucesos históricos y hasta aportes filosóficos y científicos (Logicomix, p. e.) encuentran en la novela gráfica un vehículo idóneo de expresión a través del lenguaje de la historieta.

Es como si este tipo de tebeo de no ficción actualizase un sentido del término "novela" que no siempre es tenido en cuenta. Se trata de un sentido que, en última instancia, remite al origen etimológico -italiano en este caso- de la palabra en cuestión: novella, cuyo significado se asocia a 'noticia' (nouvelles en francés, news en inglés) y que, como tal, es recogido en el DRAE para la segunda acepción de este término:
novela.
(Del it. novella, noticia, relato novelesco).

2. f. Hechos interesantes de la vida real que parecen ficción.
Con lo cual, se resalta el aspecto informativo de las novelas que, aportando noticias de la realidad, quedan encuadradas en la categoría de la no ficción.

Esta acepción de 'novela', junto a otros requisitos propios de la ejecución tebeística y literaria (el mismo DRAE entiende por 'novelar': "Referir un suceso con forma o apariencia de novela", lo cual es otra historia), es lo que permite que obras tales como Los surcos del azar, El fotógrafo, Kiki de Montparnasse, Notas al pie de Gaza o la ya mencionada Logicomix, por citar algunas, sean consideradas ejemplos de novelas gráficas.

The Woman Rebel es el nombre de una revista-manifiesto de Margaret Sanger que apareció en 1914. Sin el artículo 'The', es también el título de una novela gráfica de Peter Bagge, publicada en 2013 y dedicada a la vida de la misma Sanger.

Sobre la controvertida figura de Margaret Sanger hay suficiente información en la red, con las distorsiones inevitables. De igual modo, hay muy buenas reseñas sobre el cómic de Peter Bagge al respecto (por ejemplo, la de Gerardo Vilches en Entrecomics [aquí]). En este sentido, solo apuntaré la genialidad de Bagge en el tratamiento tebeístico de una vida como la de Sanger y la honestidad (compatibilizando seriedad y humor) con la que este dibujante y escritor acomete el biomic. Se me ocurre que tal vez este requisito (referido por Joe Sacco), el de ser honesto en la figuración, quede como una marca inseparable de las mejores novelas gráficas de temática no ficticia. Tampoco está nada mal, por cierto, la representación en color de la Era Progresista (1890-1930) llevada a cabo por Bagge a la hora de ambientar adecuadamente la biografía pública, política, de Margaret Sanger.


Sí que me interesa destacar otra cosa: la importancia que en el cómic como medio, y en concreto bajo el molde de novela gráfica, va cobrando el feminismo, la representación feminista (entendiendo ahora los vocablos 'feminismo' y 'feminista' en un sentido amplio, inclusivo). Me refiero a la visibilidad conseguida en este medio -el cómic- por las mujeres, no solo con respecto a la vindicación de sus posiciones (el sufragismo clásico, la liberación de la biología, la emancipación...), sino también en las versiones confesional y de proyección de sí mismas. Todo ello, claro está, llevado a cabo tanto por autoras como por autores ("El tebeo ya no es cosa de chicos", titulé una entrada anterior).

Y así, novelas gráficas como Olympe de Gouges, Fun Home, Sally Heathcote. Sufragista, ¿Eres mi madre?, Persépolis, La niña de sus ojos, Diario de Nueva York, La muñequita de papá y, por supuesto, La mujer rebelde son algunos de los títulos que se encuadran en este nuevo maridaje entre el feminismo (en sentido amplio) y la novela gráfica. El formato inicial elegido para la difusión de estas obras, bien a manera de series -en álbum o no-, bien ya como relato acabado, no es óbice para su consideración final como novelas. Se trata en todo caso de literatura dibujada con cierta unidad formal y temática. E intrínsecamente con cierta unidad de sentido y cierta finalidad. En este respecto, yo creo que Lo indispensable de Unas lesbianas de cuidado es también una novela gráfica, pese a su publicación inicial como comic strips.


"La biología no es el destino", escribía Simone de Beauvoir en El segundo sexo. Este lema es la clave de bóveda que sostiene el discurso de género. No es sencillo desentrañar al completo las implicaciones que conlleva la frase. Y menos aún es sencillo escapar a las contradicciones que amalgama una vida completa (qué sería de nosotros, acaso, sin ellas).

Margaret Sanger luchó contra la tiranía que la reproducción biológica impone a las mujeres. Pero hay sombras en cuanto a su coqueteo, si no más, en relación con la eugenesia, una práctica esta en virtud de la cual la biología sí es el destino de los considerados "no aptos". Peter Bagge recoge en La mujer rebelde las vicisitudes de una mujer luchadora y contradictoria a la vez. Esto es precisamente lo que en buena medida contribuye a que esta obra de Bagge se nos represente como una magnífica novela. Y en muy buena otra medida, además, su aspecto artístico o formal contribuye a que La mujer rebelde se nos represente a la vez como una magnífica novela gráfica.

No creo que exagere. 






domingo, 4 de octubre de 2015

El deshielo de Corto Maltés

No es la primera vez que una serie de Hugo Pratt encuentra continuación tras la muerte de su creador. Ocurrió con Los escorpiones del desierto, serie de la cual el esritor y dibujante italiano publicó cinco historias entre 1969 y 1992. Hugo Pratt falleció en 1995 y diez años después, en 2005, el ginebrino Pierre Wazem realizó una nueva historia de Los escorpiones del desierto. Nuevamente, en 2008 un séptimo episodio de la saga vio la luz, esta vez de la mano de Giuseppe Camuncoli al dibujo y Matteo Cassali en el guion.

Por otra parte, en la medida en que las aventuras de Corto Maltés, más allá del culto, gozan de una difusión y un prestigio que lo acercan a una suerte de mainstream a la europea, no será del todo extraño que el personaje más famoso de Hugo Pratt constituya con el tiempo una franquicia comparable -salvando todas las imaginables distancias- a las de los superhéroes del mainstream del otro lado del Atlántico, en las que se suceden diferentes autores que mantienen la continuidad de las respectivas franquicias. Ya sabemos, después de todo, que el "Continuará" es inherente a las series que forman el medio del cómic, incluido el tebeo de autor.

Lo que ocurre es que precisamente eso, la difusión, el prestigio y el culto asociados a la figura de Corto Maltés parecían hacer imposible una continuación de la serie. Y así, el más famoso marinero de la historia del cómic quedó como congelado tras la desaparición de Hugo Pratt. A fin de cuentas, el teniente Koinsky -de Los escorpiones...- no ocupa esa posición cuasi mítica que es propia de Corto Maltese.

Sin embargo, el deshielo se ha producido. Y curiosamente, con una aventura que transcurre en buena parte entre el hielo. El guionista Juan Díaz Canales y el dibujante Rubén Pellejero acaban de hacer público un nuevo álbum de Corto Maltés: Bajo el sol de medianoche (2015).


La edición ha salido por partida doble. Hay una versión pura y dura en blanco y negro y otra de tamaño más reducido en color, con papel satinado más extras. Tras hojear ambas versiones, me decidí por la primera. Me parece mejor al menos para recuperar la lectura de aquel Corto Maltés que conocí hace años. Y para apreciar en detalle la limpieza del dibujo de Pellejero y sus sugerencias. Lo cual no significa que la versión en color desmerezca. La diferencia entre ambas, si se quiere, viene a ser similar a la que hay entre las historietas originales en blanco y negro de Pratt y las coloreadas después por Patrizia Zanotti (bajo el visto bueno del autor). Queramos o no, el color favorece la comercialización. Y tal vez edulcora la historia.

Bajo el sol de medianoche mantiene, por así decir, el espíritu esencial de las aventuras de Corto Maltés. Especialmente las de la primera época, cuando un cierto realismo histórico trufado con ribetes políticos era ajeno al regusto por el esoterismo, la mitología y la cábala de historietas posteriores. En mi opinión, Díaz Canales y Pellejero han sabido incrustar un nuevo episodio en el corpus creado por Pratt. Hay multitud de guiños para los connaisseurs de la serie, desde la presencia inicial de Rasputin en el relato hasta el nombre final de Pandora, pasando por otros detalles y signos que remiten a historietas ya conocidas de Corto y reavivan la memoria y la imaginación del lector.

Pero lo importante es que tales guiños, detalles y signos funcionan como engarces, puntos de sutura que insertan Bajo el sol de medianoche en la serie de Pratt. Y no solo eso. Pues este episodio, además de engarzarse en aquel corpus, lo dinamiza. Nada impide que las aventuras de Corto Maltés fluyan de nuevo, revitalizadas, gracias al trabajo de Pellejero y Canales. 

El reto, me parece, no era tan solo el de satisfacer a los viejos amantes de Corto Maltés. Han pasado casi treinta años desde la culminación de Mû, el misterio del continente perdido (1988-1991), la última aventura de Corto realizada por Pratt. Un nuevo acúmulo de lectores de historieta, una nueva generación se ha incorporado al entorno del cómic. Si Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero consiguen llegar con este álbum a esos nuevos lectores de tebeos, la continuidad de Corto Maltés está más que asegurada.

Y también está asegurada, pase lo que pase, la calidad de Díaz Canales en el guion y de Pellejero en el arte de Bajo el sol de medianoche